sábado, 5 de noviembre de 2011

Capitulo 6 - Ayuda

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- Tu quieres matarme de hambre ¿Cierto? - Pregunto Natasha al observar el plato que se encontraba frente a ella, no era mas que un par de tomates y tres lechugas alrededor. Sam no pudo evitar reír cuando observo la expresión de confusión de Natasha cuando el mesero se acerco y coloco el plato de ensalada verde en la mesa que ambas compartían. 

- Hace poco mire un documental sobre la diabetes en Estados Unidos, y reflexione un poco al caminar hacia aquí; comes demasiada azúcar Natasha. 

- ¿Quien eres? ¿Mi madre? ya te pareces a ella y a la tonta de mi vecina. - Bufo molesta mientras pasaba de un lado a otro el tenedor entre las pobres plantas de su plato, giro hacia la ventana y observo como los carros y la gente pasaban rápidamente para seguramente dirigirse hacia su trabajo o la universidad. Ambas chicas se encontraban en Union Square Cafe, un pequeño sitio ubicado en una de las calles mas solicitadas y visitadas de Nueva York, el lugar generalmente se encontraba lleno y ese día no iba a ser la excepción. 

- ¿Tu vecina? - Expreso Sam confundida. Natasha asintió. 

- Se llama Mary Jane Alias "Señorita perfección", creo que la viste en algunas ocasiones, asistió a nuestra escuela el año pasado, pero ya se graduó. - Menciono sin importancia, se llevo una lechuga a la boca poco después una mueca apareció en su rostro- iug, esto no tiene sabor.

Sam al escuchar el nombre de la chica vino a su mente vagos recuerdos de una muchacha de tez blanca y pelirroja que siempre estaba acompañada de un chico fornido y fortachon el cual no podía recordar el nombre.

- Creo que la recuerdo. - Murmuro mientras tomaba la taza de café entre sus manos para beber un poco.

- Si bueno, pero no hablemos de ella ¿Esta bien? - Samanta se encogió de hombros, era obvio que a Natasha no le agradaba esa chica para nada. - Mejor hay que hablar sobre... no se, ¿Chicos?

La chica que se encontraba frente a ella rodó los ojos en modo de cansancio.

- Natasha, de chicos hablamos todo el tiempo. - Respondió frunciendo las cejas. Cuando iba a dejar la taza de café sobre la mesa algo sucedió, era como si un pegamento super poderoso estuviera en su mano debido a que ahora le era imposible despegar la taza de su mano, tratando de no notarse nerviosa, dejo la taza de café aun con su mano sobre ella.

- Esta bien, lo entiendo; hablamos de mis chicos todo el tiempo, ahora hablemos de los tuyos.

- Pero... - Natasha la interrumpió.

- Ni un pero, vamos. Se que se encuentra alguna personita oculta por ahí y tu mejor amiga aun no esta enterada. - Dijo la chica refiriendose así misma, Samanta la miro e intento disimuladamente casi por tercera ves librarse de esa incomoda situación, pareciera que la taza o su mano estuvieran atraídas por una fuerza magnética, pero eso era realmente estúpido, tratándose de algo que solo podía suceder en las historietas o las caricaturas.

- No-no hay nadie Natasha, ¿Que cosas dices? - Expreso sin saber que decir.

- ¿Te ocurre algo? - Pregunto seriamente, Samanta se levanto y en un momento de confusión y desesperación tomo la taza con la otra mano y la rompió con fuerza provocando un estruendoso ruido. Las personas que se encontraban en las mesas mas cercanas la miraron de manera extraña incluyendo Natasha, que no sabia que decir al observar semejante situación.

- Me tengo que ir.

Eso fue lo único que dijo antes de salir corriendo. Lo admitía, estaba aterrada, resultaba tan extraño e inusual lo que le sucedía, es decir... ¿Que enfermedad tenia los síntomas de moretones morados que luego de poco tiempo desaparecen sin dejar rastro, alucinación de muerte, oídos realmente sensibles y objetos que se te pegan en las manos? Hasta ahora ninguna y si la encontraba iba a resultar la mujer mas feliz del mundo, pero  eso era una locura; era un hecho que todo aquello era algo anormal, definitivamente.

Luego de correr varias calles alrededor de la gran manzana sin importar quien se cruzaba en su camino se dirigió hacia un callejón, el cual se encontraba completamente desierto sin contar los botes de basura y un pequeño agujero donde ya se introducía una enorme rata, pero Samanta no se asusto, estaba lo suficientemente ocupada con lo que le sucedía dentro de sí que el callejón húmedo y ligeramente oscuro a causa de la sombra de los edificios le resultaba poco aterrador. Recargo su espalda sobre la pared hasta quedar sentada sobre el suelo e instantáneamente miro sus manos, una de ellas se encontraba completamente roja a causa del golpe de la taza, casi al punto de sangrar, pero no le dolía.

«Necesito averiguar que me sucede» Se dijo así misma, tomando nota mental mientras se levantaba para regresar a casa.

Tomo camino hacia su casa y agradecía enormemente que esta estuviera a solo unas calles de donde se encontraba, sabia que no tardaría ni 20 minutos en llegar; miro su reloj de muñequera y se dio cuenta que era medio día, a esta hora generalmente el caos en Nueva York era mayor, la gente gritaba desde sus autos y presionaban los claxons como si estos tuvieran el poder de sacarlos del bendito trafico, quería apresurarse para que no le ocurriera una desgracia como en las ultimas horas, las ultimas y peores horas de su vida. Analizo todo lo que le había ocurrido y pensó en su amiga Natasha, literalmente la había dejado tirada en el restaurante, completamente perpleja por  la situación, pero no debía contarle lo que le sucedía, por ahora nadie debía enterarse, no hasta que ella misma lo averiguara.

- ¡AYÚDENME POR FAVOR! - Escucho un grito desesperado, se apresuro para observar de quien se trataba y miro a varios chiquillos gordos agrediendo a un pequeño niño de no menos de 11 o 12 años, espero a que alguien los ayudara pero parecía que nadie se daba cuenta, o quería darse cuenta, debido a que la gente que pasaba a su lado los observaban pero tomaban su camino como si fuera lo mas normal del mundo.

- Mira mamá, están pegandole al niño - Una niña rubia señalo al grupo de adolescentes y su madre tomo a la niña en brazos para apresurar su camino.

- ¿Porque no se meten con alguien de tu tamaño? - Se acerco Samanta sintiéndose una tonta al expresar semejante frase barata que acababa de salir de su boca, los chicos detuvieron el trabajo de golpear al pobre muchacho que yacía en el suelo.

- Y supongo que tu vas a evitarlo - Respondió uno de ellos mientras la observaba. Sam no supo que decir ¿De verdad iba a evitarlo? Es decir, era una chica flacucha de brazos flácidos contra cuatro adolescentes gordos y fornidos, preparados para soltar otro golpe, lo mas probable es que ella también resultara lastimada y seguramente nadie se iba a detener para ayudarla.

- Solo dejen al chico en paz. - Exclamo, los chicos rieron a sonoras carcajadas; Samanta se sintió mas tonta que hace pocos segundos.

«Ojala Natasha estuviera aquí» Pensó; Natasha era la fuerte, no ella, sabia que su amiga podía controlarlos con palabras feas o amenazas. Pero en ese momento Samanta iba a ser aplastada con un boleto directo al hospital. 

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