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No tenía ni la más remota idea de lo que estuviera sucediendo con ella, pero sabía que no estaba bien, quizás Natasha tenía razón y necesitaba un doctor. En ese momento la cabeza le dolía a horrores, el trafico en Nueva York algunas ocasiones podía ser terrible para los oídos de cualquier persona, pero en ese momento era algo que Samanta no podía soportar, ni siquiera deseaba oír el gritito de una pequeña niña que pasaba cerca de ella y jaloneaba a su mamá para ir hacia una tienda de juguetes que no se encontraba muy lejos de ahí.
Cuando llego al parque, trato de visualizar de una manera desesperada a su amiga, no podía estar un segundo mas en ese lugar pero necesitaba encontrar a Natasha para pedirle que fueran a un lugar mas tranquilo, a lo lejos miro a varios niños, ancianos y parejas caminando por el parque y disfrutando del casi tranquilo día que se vivía en la ciudad de Nueva York. Camino directamente hacia la fuente y saco su celular para indicarle a su amiga que se encontraba ahí, Samanta después de un rato se dio cuenta que conociendo a Natasha seguramente llegaría tarde.
«Maldita sea Natasha, ruego a dios que no te hayas parado en un puesto de hamburguesas…» Murmuro para si misma, de un momento a otro Samanta sintió como si alguien la estuviera observando, giro rápidamente y pudo visualizar a Natasha acompañada de su perro, un cachorro San Bernardo. Lo mas extraño de todo es que Natasha se encontraba a más de 20 metros de ella, ¿Cómo pudo sentir la mirada de su amiga de esa manera tan repentina? Es decir, casi todas las personas pueden llegar a sentir la mirada de cualquiera, pero en algunas ocasiones tienden en darse cuenta después de cierto rato, con Samanta había sido diferente, no fueron segundos, fue casi la mitad de eso.
- Spidey quiso dar un pequeño paseo. – Exclamo Natasha acercándose a su amiga con una pequeña sonrisa. Samanta soltó una risita al escucharla.
- Aun no puedo creer que le hayas querido poner Spidey – Dijo observando al no tan pequeño perro, este también la observaba.
- Tú sabes la razón, Spider-Man es memorable, Spidey es una pequeña abreviación.
-Claro. – Dijo para dar fin al tema, lo menos que quería en ese momento era recordar arañas, muchas patas y todo lo relacionado con ellas.
- Entonces... ¿Caminamos hacia el carrito de Hot Dogs? – Exclamo Natasha comenzando a caminar hacia el puesto de comida, pero paro al darse cuenta que Samanta no la seguía. – ¿Que sucede?
- No me siento bien – dijo por fin. Natasha la miro detenidamente tirando de la correa de Spidey para acercarse nuevamente a Samanta. - Desde ayer, creo que están pasándome cosas demasiado extrañas.
- Bueno, lo mejor sera irnos de...
- ¡Natasha, cuidado! – Interrumpió Samanta tirando a su amiga hacia el suelo, Natasha sorprendida miro como un adolescente con bicicleta pasaba a su lado sin medir el control de la velocidad; Spidey se retorció asustado y comenzó a ladrar, varias personas que se encontraba alrededor las miraron.
- ¿Que rayos? – Pregunto de forma retorica mirándola, Samanta la ayudo a levantarse y la chica de rasgos orientales se apresuro a decir: – ¿Como sabias que ese loco se dirigía hacia a nosotras para arrollarnos? Ni siquiera yo lo había oído.
Pero ni siquiera Samanta podía responder a esa pregunta, ¿Como lo sabia? ¿Quizás fue instinto de amistad? No, eso era demasiado tonto.
- No lo se – Se limito a decir mas confundida. – Te dije que últimamente me estaban sucediendo cosas raras.
Natasha se acerco a ella y toco su frente para medir la temperatura, Samanta la miro enarcando una ceja.
- No; no tienes fiebre.
- ¡Por supuesto que no tengo fiebre! – dijo a la defensiva, era obvio que no era fiebre, lo que le sucedía no era una simple gripe como cuando te da por comer cosas heladas o estar a fuera sin abrigarte. Quizás lo que le pasaba era mucho peor, o quizás solo estaba exagerando y eso le provocaba imaginarse algunas cosas. Tal vez ella misma estaba alucinando, aunque dentro de ella la pequeña vocesita de su subconsciente le indicaba que no lo pasara de largo. – ¿Sabes? Hay que irnos de aquí, dejamos a Spidey en tu casa y luego vamos por un café.
- Cuando dices "Vamos por un café" quiere decir que me invitaras las donas ¿Verdad? – Pregunto en un tono divertido gesticulando una cara de inocencia, Samanta la miro tratando de evitar una pequeña carcajada.
- Muy Graciosa, pero te toca a ti invitarme las donas.
..
«Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad»
Peter despertó, hacia tiempo que esa frase vivía en su cabeza, día a día prácticamente como si estuviera enterrada dentro de si, era cierto que un gran poder conllevaba una gran responsabilidad pero no sabía ciertamente si un poder tan grande podía con un ser tan insignificante como Peter Parker.
El chico se levanto de la cama rápidamente al observar el reloj que se encontraba en la mesita de noche, este indicaba las 10:30 de la mañana y el pobre chico aun se encontraba en la cama. Apresurado tomo unos jeans que se encontraban en el suelo y una chaqueta color marrón.
- La universidad, maldita sea... – Pensó en voz alta mientras se dirigía hacia la puerta de su pequeño departamento ubicado en Brooklyn, Nueva York. Guardo su traje en su mochila y se encamino hacia la universidad.
- ¿Tarde, otra vez Peter? – Pregunto su vecino con una sonrisa burlona mientras se rascaba la barriga. Peter lo ignoro completamente, se encontraba bastante atareado, lo suficiente para no darse cuenta que podía dirigirse hacia la escuela con cierto poder arácnido que poseía.
Definitivamente aquel no era su día, que bah, últimamente la suerte no estaba de su lado, tanto como Peter Parker o el Hombre Araña.
Natasha se acerco a ella y toco su frente para medir la temperatura, Samanta la miro enarcando una ceja.
- No; no tienes fiebre.
- ¡Por supuesto que no tengo fiebre! – dijo a la defensiva, era obvio que no era fiebre, lo que le sucedía no era una simple gripe como cuando te da por comer cosas heladas o estar a fuera sin abrigarte. Quizás lo que le pasaba era mucho peor, o quizás solo estaba exagerando y eso le provocaba imaginarse algunas cosas. Tal vez ella misma estaba alucinando, aunque dentro de ella la pequeña vocesita de su subconsciente le indicaba que no lo pasara de largo. – ¿Sabes? Hay que irnos de aquí, dejamos a Spidey en tu casa y luego vamos por un café.
- Cuando dices "Vamos por un café" quiere decir que me invitaras las donas ¿Verdad? – Pregunto en un tono divertido gesticulando una cara de inocencia, Samanta la miro tratando de evitar una pequeña carcajada.
- Muy Graciosa, pero te toca a ti invitarme las donas.
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«Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad»
Peter despertó, hacia tiempo que esa frase vivía en su cabeza, día a día prácticamente como si estuviera enterrada dentro de si, era cierto que un gran poder conllevaba una gran responsabilidad pero no sabía ciertamente si un poder tan grande podía con un ser tan insignificante como Peter Parker.
El chico se levanto de la cama rápidamente al observar el reloj que se encontraba en la mesita de noche, este indicaba las 10:30 de la mañana y el pobre chico aun se encontraba en la cama. Apresurado tomo unos jeans que se encontraban en el suelo y una chaqueta color marrón.
- La universidad, maldita sea... – Pensó en voz alta mientras se dirigía hacia la puerta de su pequeño departamento ubicado en Brooklyn, Nueva York. Guardo su traje en su mochila y se encamino hacia la universidad.
- ¿Tarde, otra vez Peter? – Pregunto su vecino con una sonrisa burlona mientras se rascaba la barriga. Peter lo ignoro completamente, se encontraba bastante atareado, lo suficiente para no darse cuenta que podía dirigirse hacia la escuela con cierto poder arácnido que poseía.
Definitivamente aquel no era su día, que bah, últimamente la suerte no estaba de su lado, tanto como Peter Parker o el Hombre Araña.