sábado, 5 de noviembre de 2011

Capitulo 6 - Ayuda

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- Tu quieres matarme de hambre ¿Cierto? - Pregunto Natasha al observar el plato que se encontraba frente a ella, no era mas que un par de tomates y tres lechugas alrededor. Sam no pudo evitar reír cuando observo la expresión de confusión de Natasha cuando el mesero se acerco y coloco el plato de ensalada verde en la mesa que ambas compartían. 

- Hace poco mire un documental sobre la diabetes en Estados Unidos, y reflexione un poco al caminar hacia aquí; comes demasiada azúcar Natasha. 

- ¿Quien eres? ¿Mi madre? ya te pareces a ella y a la tonta de mi vecina. - Bufo molesta mientras pasaba de un lado a otro el tenedor entre las pobres plantas de su plato, giro hacia la ventana y observo como los carros y la gente pasaban rápidamente para seguramente dirigirse hacia su trabajo o la universidad. Ambas chicas se encontraban en Union Square Cafe, un pequeño sitio ubicado en una de las calles mas solicitadas y visitadas de Nueva York, el lugar generalmente se encontraba lleno y ese día no iba a ser la excepción. 

- ¿Tu vecina? - Expreso Sam confundida. Natasha asintió. 

- Se llama Mary Jane Alias "Señorita perfección", creo que la viste en algunas ocasiones, asistió a nuestra escuela el año pasado, pero ya se graduó. - Menciono sin importancia, se llevo una lechuga a la boca poco después una mueca apareció en su rostro- iug, esto no tiene sabor.

Sam al escuchar el nombre de la chica vino a su mente vagos recuerdos de una muchacha de tez blanca y pelirroja que siempre estaba acompañada de un chico fornido y fortachon el cual no podía recordar el nombre.

- Creo que la recuerdo. - Murmuro mientras tomaba la taza de café entre sus manos para beber un poco.

- Si bueno, pero no hablemos de ella ¿Esta bien? - Samanta se encogió de hombros, era obvio que a Natasha no le agradaba esa chica para nada. - Mejor hay que hablar sobre... no se, ¿Chicos?

La chica que se encontraba frente a ella rodó los ojos en modo de cansancio.

- Natasha, de chicos hablamos todo el tiempo. - Respondió frunciendo las cejas. Cuando iba a dejar la taza de café sobre la mesa algo sucedió, era como si un pegamento super poderoso estuviera en su mano debido a que ahora le era imposible despegar la taza de su mano, tratando de no notarse nerviosa, dejo la taza de café aun con su mano sobre ella.

- Esta bien, lo entiendo; hablamos de mis chicos todo el tiempo, ahora hablemos de los tuyos.

- Pero... - Natasha la interrumpió.

- Ni un pero, vamos. Se que se encuentra alguna personita oculta por ahí y tu mejor amiga aun no esta enterada. - Dijo la chica refiriendose así misma, Samanta la miro e intento disimuladamente casi por tercera ves librarse de esa incomoda situación, pareciera que la taza o su mano estuvieran atraídas por una fuerza magnética, pero eso era realmente estúpido, tratándose de algo que solo podía suceder en las historietas o las caricaturas.

- No-no hay nadie Natasha, ¿Que cosas dices? - Expreso sin saber que decir.

- ¿Te ocurre algo? - Pregunto seriamente, Samanta se levanto y en un momento de confusión y desesperación tomo la taza con la otra mano y la rompió con fuerza provocando un estruendoso ruido. Las personas que se encontraban en las mesas mas cercanas la miraron de manera extraña incluyendo Natasha, que no sabia que decir al observar semejante situación.

- Me tengo que ir.

Eso fue lo único que dijo antes de salir corriendo. Lo admitía, estaba aterrada, resultaba tan extraño e inusual lo que le sucedía, es decir... ¿Que enfermedad tenia los síntomas de moretones morados que luego de poco tiempo desaparecen sin dejar rastro, alucinación de muerte, oídos realmente sensibles y objetos que se te pegan en las manos? Hasta ahora ninguna y si la encontraba iba a resultar la mujer mas feliz del mundo, pero  eso era una locura; era un hecho que todo aquello era algo anormal, definitivamente.

Luego de correr varias calles alrededor de la gran manzana sin importar quien se cruzaba en su camino se dirigió hacia un callejón, el cual se encontraba completamente desierto sin contar los botes de basura y un pequeño agujero donde ya se introducía una enorme rata, pero Samanta no se asusto, estaba lo suficientemente ocupada con lo que le sucedía dentro de sí que el callejón húmedo y ligeramente oscuro a causa de la sombra de los edificios le resultaba poco aterrador. Recargo su espalda sobre la pared hasta quedar sentada sobre el suelo e instantáneamente miro sus manos, una de ellas se encontraba completamente roja a causa del golpe de la taza, casi al punto de sangrar, pero no le dolía.

«Necesito averiguar que me sucede» Se dijo así misma, tomando nota mental mientras se levantaba para regresar a casa.

Tomo camino hacia su casa y agradecía enormemente que esta estuviera a solo unas calles de donde se encontraba, sabia que no tardaría ni 20 minutos en llegar; miro su reloj de muñequera y se dio cuenta que era medio día, a esta hora generalmente el caos en Nueva York era mayor, la gente gritaba desde sus autos y presionaban los claxons como si estos tuvieran el poder de sacarlos del bendito trafico, quería apresurarse para que no le ocurriera una desgracia como en las ultimas horas, las ultimas y peores horas de su vida. Analizo todo lo que le había ocurrido y pensó en su amiga Natasha, literalmente la había dejado tirada en el restaurante, completamente perpleja por  la situación, pero no debía contarle lo que le sucedía, por ahora nadie debía enterarse, no hasta que ella misma lo averiguara.

- ¡AYÚDENME POR FAVOR! - Escucho un grito desesperado, se apresuro para observar de quien se trataba y miro a varios chiquillos gordos agrediendo a un pequeño niño de no menos de 11 o 12 años, espero a que alguien los ayudara pero parecía que nadie se daba cuenta, o quería darse cuenta, debido a que la gente que pasaba a su lado los observaban pero tomaban su camino como si fuera lo mas normal del mundo.

- Mira mamá, están pegandole al niño - Una niña rubia señalo al grupo de adolescentes y su madre tomo a la niña en brazos para apresurar su camino.

- ¿Porque no se meten con alguien de tu tamaño? - Se acerco Samanta sintiéndose una tonta al expresar semejante frase barata que acababa de salir de su boca, los chicos detuvieron el trabajo de golpear al pobre muchacho que yacía en el suelo.

- Y supongo que tu vas a evitarlo - Respondió uno de ellos mientras la observaba. Sam no supo que decir ¿De verdad iba a evitarlo? Es decir, era una chica flacucha de brazos flácidos contra cuatro adolescentes gordos y fornidos, preparados para soltar otro golpe, lo mas probable es que ella también resultara lastimada y seguramente nadie se iba a detener para ayudarla.

- Solo dejen al chico en paz. - Exclamo, los chicos rieron a sonoras carcajadas; Samanta se sintió mas tonta que hace pocos segundos.

«Ojala Natasha estuviera aquí» Pensó; Natasha era la fuerte, no ella, sabia que su amiga podía controlarlos con palabras feas o amenazas. Pero en ese momento Samanta iba a ser aplastada con un boleto directo al hospital. 

domingo, 30 de octubre de 2011

Capitulo 5 - ¿Sentido Arácnido?

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  No tenía ni la más remota idea de lo que estuviera sucediendo con ella, pero sabía que no estaba bien, quizás Natasha tenía razón y necesitaba un doctor. En ese momento la cabeza le dolía a horrores, el trafico en Nueva York algunas ocasiones podía ser terrible para los oídos de cualquier persona, pero en ese momento era algo que Samanta no podía soportar, ni siquiera deseaba oír el gritito de una pequeña niña que pasaba cerca de ella y jaloneaba a su mamá para ir hacia una tienda de juguetes que no se encontraba muy lejos de ahí.

  Cuando llego al parque, trato de visualizar de una manera desesperada a su amiga, no podía estar un segundo mas en ese lugar pero necesitaba encontrar a Natasha para pedirle que fueran a un lugar mas tranquilo, a lo lejos miro a varios niños, ancianos y parejas caminando por el parque y disfrutando del casi tranquilo día que se vivía en la ciudad de Nueva York. Camino directamente hacia la fuente y saco su celular para indicarle a su amiga que se encontraba ahí, Samanta después de un rato se dio cuenta que conociendo a Natasha seguramente llegaría tarde.

«Maldita sea Natasha, ruego a dios que no te hayas parado en un puesto de hamburguesas…» Murmuro para si misma, de un momento a otro Samanta sintió como si alguien la estuviera observando, giro rápidamente y pudo visualizar a Natasha acompañada de su perro, un cachorro San Bernardo. Lo mas extraño de todo es que Natasha se encontraba a más de 20 metros de ella, ¿Cómo pudo sentir la mirada de su amiga de esa manera tan repentina? Es decir, casi todas las personas pueden llegar a sentir la mirada de cualquiera, pero en algunas ocasiones tienden en darse cuenta después de cierto rato, con Samanta había sido diferente, no fueron segundos, fue casi la mitad de eso.

-  Spidey quiso dar un pequeño paseo. – Exclamo Natasha acercándose a su amiga con una pequeña sonrisa. Samanta soltó una risita al escucharla.

- Aun no puedo creer que le hayas querido poner Spidey – Dijo observando al no tan pequeño perro, este también la observaba.

 Tú sabes la razón, Spider-Man es memorable, Spidey es una pequeña abreviación.

-Claro. – Dijo para dar fin al tema, lo menos que quería en ese momento era recordar arañas, muchas patas y todo lo relacionado con ellas. 

- Entonces... ¿Caminamos hacia el carrito de Hot Dogs? – Exclamo Natasha comenzando a caminar hacia el puesto de comida, pero paro al darse cuenta que Samanta no la seguía. – ¿Que sucede? 

- No me siento bien – dijo por fin. Natasha la miro detenidamente tirando de la correa de Spidey para acercarse nuevamente a Samanta. - Desde ayer, creo que están pasándome cosas demasiado extrañas. 

- Bueno, lo mejor sera irnos de... 

- ¡Natasha, cuidado! – Interrumpió Samanta tirando a su amiga hacia el suelo, Natasha sorprendida miro como un adolescente con bicicleta pasaba a su lado sin medir el control de la velocidad; Spidey se retorció asustado y comenzó a ladrar, varias personas que se encontraba alrededor las miraron. 

- ¿Que rayos? – Pregunto de forma retorica mirándola, Samanta la ayudo a levantarse y la chica de rasgos orientales se apresuro a decir: – ¿Como sabias que ese loco se dirigía hacia a nosotras para arrollarnos? Ni siquiera yo lo había oído. 

Pero ni siquiera Samanta podía responder a esa pregunta, ¿Como lo sabia? ¿Quizás fue instinto de amistad? No, eso era demasiado tonto. 

- No lo se – Se limito a decir mas confundida. – Te dije que últimamente me estaban sucediendo cosas raras.

Natasha se acerco a ella y toco su frente para medir la temperatura, Samanta la miro enarcando una ceja.

- No; no tienes fiebre.

- ¡Por supuesto que no tengo fiebre! – dijo a la defensiva, era obvio que no era fiebre, lo que le sucedía no era una simple gripe como cuando te da por comer cosas heladas o estar a fuera sin abrigarte. Quizás lo que le pasaba era mucho peor, o quizás solo estaba exagerando y eso le provocaba imaginarse algunas cosas. Tal vez ella misma estaba alucinando, aunque dentro de ella la pequeña vocesita de su subconsciente le indicaba que no lo pasara de largo. – ¿Sabes? Hay que irnos de aquí, dejamos a Spidey en tu casa y luego vamos por un café.

- Cuando dices "Vamos por un café" quiere decir que me invitaras las donas ¿Verdad? – Pregunto en un tono divertido gesticulando una cara de inocencia, Samanta la miro tratando de evitar una pequeña carcajada.

- Muy Graciosa, pero te toca a ti invitarme las donas.

..

«Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad»

Peter despertó, hacia tiempo que esa frase vivía en su cabeza, día a día prácticamente como si estuviera enterrada dentro de si, era cierto que un gran poder conllevaba una gran responsabilidad pero no sabía ciertamente si un poder tan grande podía con un ser tan insignificante como Peter Parker.

El chico se levanto de la cama rápidamente al observar el reloj que se encontraba en la mesita de noche, este indicaba las 10:30 de la mañana y el pobre chico aun se encontraba en la cama. Apresurado tomo unos jeans que se encontraban en el suelo y una chaqueta color marrón.

- La universidad, maldita sea... – Pensó en voz alta mientras se dirigía hacia la puerta de su pequeño departamento ubicado en Brooklyn, Nueva York. Guardo su traje en su mochila y se encamino hacia la universidad.

- ¿Tarde, otra vez Peter? – Pregunto su vecino con una sonrisa burlona mientras se rascaba la barriga. Peter lo  ignoro completamente, se encontraba bastante atareado, lo suficiente para no darse cuenta que podía dirigirse hacia la escuela con cierto poder arácnido que poseía.

Definitivamente aquel no era su día, que bah, últimamente la suerte no estaba de su lado, tanto como Peter Parker o el Hombre Araña. 

domingo, 2 de octubre de 2011

Capitulo 4 - Inicio

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- Sam, te estoy hablando - La chica no respondió - ¿Sam? ¿Te sientes bien? - Pregunto al observar detenidamente el rostro de su hija.

- Creo que iré a mi habitación... - Respondió sin mirarlo y lentamente se dirigió hacia su cuarto con una expresión angustiada. Cuando estuvo dentro respiro hondo y trato de tranquilizarse.

"No puede ser nada grave" Aunque realmente Samanta no lo creía, era grave y mucho; comenzó a sentir poco a poco como se tambaleaba y decidió recostarse sobre su cama para descansar un poco. Le dolía el cuerpo, y sentía como si una soga invisible tratara de ahogarla y matarla, era un dolor inhumano. Jamás en su vida había pasado por algo así, cerro los ojos lentamente ¿verdaderamente ahí quedaría su vida? Aunque fuera algo ilógico, el dolor le hacia pensar cosas incoherentes, creyó que iba a morir, quizás si morirá...

Después de eso todo fue oscuridad.

Habían pasado varias horas desde que su hija se fue a su habitación, había buscado a esa araña prácticamente por cielo, mar y tierra en su pequeña humilde casa, pero no la encontraba, seguramente había escapado, con los nervios de punta se dirigió hacia su sótano-laboratorio y se acerco a su cajón para tomar un frasco que contenía pastillas para la presión, tomo dos de ellas y se sentó sobre su silla, pensó en ese hombre, y su insistencia en examinar a sus arañas, sabia que haría algo con ellas, era bastante obvio y pensaba que no necesariamente haría algo bueno que beneficiaria a la humanidad, pero ambos habían hecho un trato, Robert necesitaba dinero y ese hombre que ni siquiera sabia su nombre pedía a cambio sus experimentos, pensó en su hija, ella no podía sufrir por su culpa, Sam era el vivo retrato de su madre, no permitiría que nada le sucediera.

..

Despertó debido a su molesto despertador, miro la hora y eran exactamente las 8 de la mañana, se acerco rápidamente y apretó el botón con fuerza para que el sonido de este cesara ya que era bastante molesto. Tenía bastante hambre, no podía creer que hubiera dormido todo el día pero entonces nuevamente recordó el malestar en su brazo, sin embargo ¡No estaba! Pareciera que esa manchita roja nunca hubiera tocado su piel, talvez lo había soñado, era bastante loco e inusual que hubiera pensado en algún momento que moriría, si, definitivamente todo había sido un tonto juego de su mente.

Miro su celular y observo que tenia 20 llamadas perdidas de Natasha, y otros 10 mensajes de la misma, unos decían "¿Donde estas?" o "¿Porque no contestas el celular?" Sam regreso la llamada algo extrañada, y una Natasha eufórica le contesto.

- ¿¡Donde carajos estabas, Samanta!? Te eh llamado cientos de veces y... - Sam la interrumpió.

- Corrección, 20 veces y... estaba dormida ¿Porque el escándalo Natasha? ¿Que tiene de raro dormir durante la noche, como cualquier persona normal? -

- ¿¡PERSONA NORMAL!? Samanta no estés jugando conmigo ¿Oíste? No me contestaste desde que salí de tu casa. - Sam enarco una ceja tras el teléfono, por un momento creyó que su amiga se había vuelto loca.

- ¿De que hablas? - Pregunto comenzando a confundirse.

- ¿Te revisaste el hinchazón verdad? Creí que te había pasado algo, le llame a tu padre pero me dijo que el no estaba en tu casa, sino resolviendo unos asuntos y que no te había visto desde la mañana, intente ir a tu casa pero la puerta estaba cerrada.

Sam se quedo analizando por un momento lo que Natasha le contaba ¡No lo había soñado, ni había sido un juego de su imaginación! Fue verdad, la hinchazón, la araña, el desayuno en la mañana y la disputa con su padre. Todo había sido real, pero lo más raro es que su hinchazón mágicamente había desaparecido, sin dejar rastro de nada.

- ¿Sam? ¿Samanta estas ahí? - Escucho la voz de su amiga después de unos segundos.

- Si, si perdona. - Confirmo, sintiéndose nuevamente algo mareada. - Oye, ¿Que te parece si en una hora te veo Central Park? Creo que necesito despejarme.

- Si me invitas un Hot Dog aceptare encantada. - Respondió su amiga un poco mas calmada.

- Si tú me invitas una coca-cola - Propuso Sam dibujando una sonrisa, Natasha respondió con un suspiro no muy de acuerdo.

- Esta bien, esta bien entonces te veo allá. 

Cuando Sam estuvo lista y luego de comer un gran cantidad de huevos con tocino decido ir a su encuentro con su amiga, no se despidió de su padre seguramente estaría ocupado o bien estaría dormido así que prefirió ahorrarse los contratiempos de interrumpir cualquier cosa que estuviera haciendo en el sótano.

Una vez salio de su casa sintió como sus oídos le molestaban, un ruido muy fuerte provocaba que le zumbaran, pero no había nada a su alrededor. Solo un pequeño niño en bicicleta que se encontraba a mas de 15 metros de donde ella estaba, y una mujer regando las flores de su jardín. Se coloco sus audífonos a un volumen decente para sus tímpanos, pero fue peor porque pareciera que estos estuvieran a un alto volumen y no sabia porque.

Quizás estaba enferma, en ese momento no quería imaginarse lo peor. Lo mas tranquila posible se dirigió hacia Central Park, el malestar en los oídos aun continuaba y mientras avanzaba era mucho peor, porque ya se estaba adentrando hacia el terrible ruido de las calles y trafico de Nueva York. 

Capitulo 3 - En la Mañana

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Robert se sentia abrumado, rapidamente bajo al sotano y miro cada uno de los frascos donde se encontraban dentro arañas radioactivas. Pero sin darse cuenta, faltaba una de ellas, una pequeña araña amarilla, la misma que habia visto Sam esa misma tarde.

Sam había llorado muchas veces por la misma razón, necesitaba a su madre, ella era la única persona que la entendía de verdad, que la hacia sentir bien consigo misma, no podía encontrar eso en su padre, sabia que nunca lograría entablar una conversación con el, en la que compartieran gustos, chistes, o simplemente palabras, a pesar de que estas no tuvieran sentido comprendía que con el eso nunca sucedería.

- Mamá te necesito tanto... - Susurro para si misma como si fuera una niña pequeña y limpio sus lagrimas, poco a poco se quedo dormida para tratar al menos por un momento olvidar sus problemas.

Cuando Sam despertó se dio cuenta que ya había amanecido, miro el reloj-despertador que tenia aun costado, eran las 9 de la mañana, cuando se levanto para dirigirse al baño se dio cuenta que tenia una pequeña mancha roja en uno de sus brazos, no le tomo mucha importancia seguramente algún mosquito le había picado por la noche, aunque no negaba que le dolía tan solo un poco...

Se vistió unos jeans y una blusa holgada color azul marino, bajo a la cocina para preparar cualquier cosa para desayunar.

- Toc Toc - Dijo Natasha divertida entrando por la puerta, Sam levanto el rostro y la miro.  - ¿A ver que me hará mi amiga de desayunar? - Pregunto en modo de broma, Sam sonrío.

- ¿Fruta? - Sugirió y sin esperar una respuesta puso frente a Natasha un plato lleno de Fresas, mango y kiwi, su amiga la miro extrañada.

- Wow el mejor desayuno que eh visto en mi vida - Fingió sorpresa.

- Y espera a probarlo - Prosiguió soltando una carcajada. Sam se dio cuenta desde un principio que Natasha traía un periódico entre sus manos y decidió preguntar. - ¿Porque traes el periódico? No sabía que te gustaba la política.

- ¡Claro que no! - Dejo el periódico sobre la mesa y leyó la portada: "Curt Connors, El Lagarto, otro científico se que suma como criminal en Nueva York" - A puesto que el hombre araña lo atrapara, como a todos.

- Que estupidez - Sam frunció ligeramente el ceño - ¿Lo admiras? El hombre araña también es un criminal, yo aun no se porque no lo han atrapado.

- Sam, el hombre araña es sexy - Inquirió con una sonrisa. - Oye Sam ¿Que te paso ahí? - Pregunto cambiando su semblante y acercándose a su amiga para tomar su brazo. Sam apenas dándose cuenta observo que aquella mancha roja en su brazo se había hinchado en tan solo pocos minutos.

- Oh... en realidad no es nada, creo que un mosquito me pico ayer por la noche - Menciono sin importancia, Natasha la miro severamente - ¿Que?

- Se ve grave Sam y hablo enserio, deberías ir a un medico para que te inspeccione eso - Sam aparto la mano rápidamente y miro a su amiga.

- ¿Estas loca? No iré al doctor sabes que odio el olor a medicamento y hospitales además, es solo una simple mordida de mosquito o cualquier animal

- ¡Que ignorante! - Se quejo Natasha, se levanto y miro a su amiga. - Me tengo que ir, si no vas a que te revisen eso, yo misma te llevare Samanta Goulding, quieras o no. - Advirtió, Sam rodó los ojos y observo a Natasha dirigirse a la puerta, finalmente se quedo sola y se sentó sobre el sillón para disfrutar un rato de la televisión.

- Natasha exagerada... - Se dijo para si misma y observo con detenimiento la mancha en su brazo, aunque en realidad esta le dolía conforme el tiempo pasaba, la verdad no parecía normal, pero Sam creyó que visitar el hospital era una completa exageración.

- ¡SAM! ¡SAMANTA! - Grito Robert eufórico mientras se dirigía hacia su hija, este traía un frasco en sus manos, pero Sam se dio cuenta que estaba vacío. - Samanta... ¿¡Entraste a mi laboratorio ayer!?

Sam al escucharlo se quedo sin habla, no sabia que responderle, nunca le había mentido a su padre, pero ella no recordaba haber tocado algo en su laboratorio, solo observo, no sucedió nada inusual.

- Yo... yo... - Titubeo. - ¿Porque lo preguntas, papá?

- Una araña... una de las arañas es-escapo - Samanta comenzó a sudar frío, ¿Una araña se había escapado? ¡Claro que si! pero aun le costaba asimilarlo, odiaba las arañas ¿Que pasaría si una estuviera en ese momento en su habitación? O mucho peor, ¿Si la picase? Lentamente dirigió una mirada hacia su brazo, la hinchazón había cambiado de color, y no era exactamente rojo ni rosado, sino morado, entonces lo entendió todo.

viernes, 22 de julio de 2011

Capitulo 2 - Robert Goulding

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- No es solo que... no nada. - Sam decicio evadir el tema, solo le habia llamado la atencion ese chico, era todo... Natasha decidio no preguntar mas debido a que el chico de hace pocos minutos se acercaba con las pizzas gratis de las chicas, ambas disfrutaron su tarde y despues se dirigieron a su casa.

- ¡Estoy que reviento! - Se quejo Natasha acariciando su estomago. Sam solo nego con la cabeza dibujando una sonrisa.

- Si no te hubieras comido esos ocho pedazos de pizza estoy segura que en este momento no te estuvieras quejando -

- Bueno... no podia desperdiciarla - Dijo encogiendose de hombros. - Pero lo mejor de todo es que tengo un organismo bastante rapido - Agrego rapidamente con una sonrisa de oreja a oreja.

Al final ambas chicas llegaron a la casa de Sam y se despidieron, Sam entro a la casa y vio todo muy calmado, le parecio extraño, no habia luces prendidas el lugar estaba practicamente desierto.

- ¿Papá? - Llamo la chica debido a que encontraba el lugar bastante silencioso, se dirigio al sotano donde supuestamente imaginaba que estaria su padre, talvez se habia quedado dormido, tipico de el cuando encontraba o descubria algo verdaderamente importante y pasaba dia y noche investigando sobre ello, claro... todo ese esfuerzo era relacionado con su trabajo. - ¿Papá estas aqui? - Pregunto abriendo la puerta del sotano, pero en lugar de su padre un silencio aterrador le respondio.

Sigilosamente decidio bajar por las escaleras para asegurarse de que todo estuviera bien, observo el lugar y al parecer todo estaba en orden, o bueno lo que ella podia definir "orden" porque libros, lapices entre otras cosas se encontraban esparcidas sobre el escritorio, frascos y peceras de muchos tamaños una encima de otras. Se dio cuenta que efectivamente su padre no estaba, pero ¿Donde pudo haber ido? ella sabia que su padre nunca salia de ese lugar, temia que algo le hubiera pasado, decidio ignorar ese pensamiento que se adentraba en su cabeza, quizas... solo quizas... habia salido a dar un paseo a pesar de que la idea fuera realmente tonta.

Cuando iba a subir nuevamente hacia la sala, escucho un ruido extraño, un aleteo penso que podria ser el de un insecto pero este era bastante fuerte, como si tratara de algun pajaro, y este provenia de las peceras que tenia su padre, no muy convencida se acerco, una mueca se dibujo en su rostro al visualizar a arañas realmente extrañas y por un momento temio que alguna no estuviera dentro de su frasco.

- ¿Sam? - Escucho la chica, la voz provenia de su padre que se encontraba entrando a la casa, Sam subio rapidamente, no sabia cual seria la reaccion de su padre si la descubria fizgoneando el lugar. A pesar de que no fuera intencionalmente, estaba segura que su padre no le creeria del todo.

- ¿Sami donde estabas? - Exclamo Robert mirando a su hija con una sonrisa, el hombre traia bolsas llenas de comida en cada brazo, Sam enarco una ceja.

- Yo... estaba en el patio, es todo - Mintio evadiendo la mirada. - ¿Tu... Fuiste de compras?

- Si. algo asi, bueno mas bien fui a la veterinaria para comprar comida de insec...

- Esta bien, entiendo - "Era demasiado bueno para ser cierto" Penso dirigiendose a su habitación.

- Sam ¿A donde vas? - Pregunto, Sam no respondio solamente se encerro en su habitacion. - Debe ser la pubertad - Se dijo a si mismo, escucho su celular vibrar dentro de la bolsa de su pantalon al observar el numero respiro ondo y respondio algo cohibido. - Si ¿Que sucede?

- "¿Las tienes?" - Pregunto una voz bastante grave del otro lado de el telefono.

- Dame mas tiempo, por favor... aun no estan listas.

- "Tienes dos dias Goulding, o tu pequeña hija pagara las consecuencias"

Robert se sentia abrumado, rapidamente bajo al sotano y miro cada uno de los frascos donde se encontraban dentro arañas radioactivas. Pero sin darse cuenta, faltaba una de ellas, una pequeña araña amarilla, la misma que habia visto Sam esa misma tarde.

lunes, 18 de julio de 2011

Capitulo 1 - Arañas

Samanta no era precisamente una chica que se le podía denominar "normal", claro actuaba como cualquier chica de 17 años, sin embargo a partir de aquella noche, su vida cambio para siempre.

Algunos personajes pertenecen a Stan Lee, Steve Ditko y el Universo de Marvel.
Sam, amigos y familiares son creados por mi, y la historia es completamente alternativa.

Disfrutenla♥

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- ¡Lo encontré! ¡Lo encontré! - Gritaba un hombre emocionado con un frasco en una de sus manos, su hija que miraba la televisión se giro hacia el y rodó los ojos fastidiada. No había nada de que emocionarse por lo menos para ella, su padre era un fanático de los insectos pero en general lo que mas le interesaba eran esos animalitos de muchas patas, las arañas.

- ¡SAM! ¡Lo encontré! ¿Puedes creerlo? - Exclamo esta vez acercándose a su hija, ella algo asqueada por lo que contenía el frasco dentro trato de alejarse pero su padre la abrazo de una manera repentina, su hija grito aterrorizada.

- Papá sabes que odio a las arañas, ¿Puedes dejar de acercar ese frasco a mi cara? - Pregunto retóricamente mientras observaba el frasco con una mueca de asco, dentro del vaso había una araña pequeñita era amarilla con tonos cafés y tenia una coraza azulada, era realmente extraña, Sam nunca había visto una araña mas bonita a pesar de que esos animales no fueran santo de su devoción pero admitía que le llamaba la atención.

- Lo siento Sami - Hablo con una voz cantarina, y se alejo rápidamente  dirigiéndose hacia el sótano donde prácticamente pasaba la mayoría del tiempo, debido a que ahí practicaba sus experimentos, para ser mas precisos su padre era un Entomologo se dedicaba a estudiar la maravilla de los insectos a pesar de que para su hija no fuera ninguna maravilla.

Sam Goulding, era una chica de 17 años, no tenia muchos amigos, su única y mejor amiga se llamaba Natasha, que la visitaba a menudo, apesar de que se veían constantemente en la escuela, pero en esta temporada ambas se encontraba de vacaciones. Sam  vivía en Nueva York, junto con su padre Robert, su mamá murió de cáncer cuando ella tenia 10 años, pero supo sobrellevar la situación, por su padre, que el parecía el mas afectado y eso lo reflejaba en su intento de esconderse en el sótano y no salir a excepción de las horas de la comida.

Sam se sobresalto al escuchar el timbre de la casa "espero no sean mas deudas" pensó mientras se acercaba a la puerta, suspiro tranquilamente al observar de quien se trataba.

- ¡Hey Sam! - Saludo su amiga - ¿Adivina quien comerá gratis en Pizzas Young esta tarde? - Dijo entusiasta. Natasha era una chica de rasgos orientales, cabello castaño y largo, de cuerpo proporcionado, además de que siempre contenía una sonrisa que podía alegrar a todo el mundo.

- ¿Tu y Jhonny? - Respondió algo confusa, Natasha soltó una carcajada.

- ¡Que va! a Jhonny lo deje hace bastante, era una perdida de tiempo - Una sonrisa se curvo en sus labios y tomo un brazo de Sam, para sacarla de la casa. - El dueño hizo una rifa o algo así para supuestamente tener mas clientes en el lugar, y el que ganara se llevaría pizzas gratis, eh ganado y pensé no debía desaprovechar la oportunidad de compartirla contigo. ¡Anda Vamos!

- Pero...

- No hay pero que valga, Sam - Interrumpió su amiga - durante las vacaciones no has salido a ninguna parte, no puedes quedarte aquí, aislada del mundo.

Al final Sam cedio a la propuesta de Natasha, ambas se dirigieron al lugar, no había mucha gente, en realidad no había nada de gente, Natasha entro en compañía de su amiga y se sentaron en una mesa cerca de la ventana.

- ¿Que pedirán señoritas? - Dijo un joven de cabello rubio con bastante acné que las sonreía amigablemente, Natasha se asqueo un poco y evito mirarlo, Sam solo se rió por la actitud de su amiga.

- Debido a la rifa me prometieron pizzas gratis - Respondió entregándole un papel al hombre - Soy Natasha Chung

El chico miro el papel asegurándose de que no fuera una farsa, cuando levanto el rostro dibujo una amplia sonrisa.

- Enseguida les traigo sus pizzas gratis señoritas - Luego de eso, el hombre se alejo. Sam y Natasha por fin se quedaron solas.

- Que asqueroso, con razón el lugar no tienen clientes - Murmuro Natasha mirando al tipo de reojo.

- No deberías ser tan mala, cualquiera puede tener acné, incluso yo tuve algún tiempo... - agrego.

- Si pero no con granos blancos apunto de explotar como si se tratara de un volcán.

- ¡ESPERO ESTA VEZ LLEGUES A TIEMPO PETER, O PERDERÁS TU TRABAJO ¿OISTES?! - A lo lejos Sam observo a un hombre moreno y regordete que le gritaba a un chico, pero no se le observaba muy bien el rostro, el chico asintió y se subió a su motocicleta, Sam se quedo un buen rato observando como se alejaba y se perdía entre los autos de Nueva York.

- Toc Toc, tierra llamando a Samanta - La chica parpadeo varias veces y se giro para mirar a su amiga.

- ¿Eh que sucede? - Dijo volviendo a la realidad. Natasha comienzo a reír.

- Te quedaste observando al chico de la motocicleta mas de 5 minutos ¿Lo conoces o algo así? -

- No es solo que... no nada. - Sam decidió evadir el tema, solo le había llamado la atención ese chico, era todo... Natasha decidió no preguntar mas debido a que el chico de hace pocos minutos se acercaba con las pizzas gratis de las chicas, ambas disfrutaron su tarde y después se dirigieron a su casa.